domingo, 22 de mayo de 2016

"De mal en peor en el Amazonas"

 Muchos activistas medioambientalistas e indigenistas en Amazonas quizás hayan deseado en algún momento la desaparición de Dilma Rousseff, tras su fuerte apuesta por llevar a cabo megaproyectos de infraestructuras, minería y energía en la selva más importante del planeta.

Las grandes presas hidroeléctricas de Belo Monte y del río Tapajós eran elementos clave del Programa de Crecimiento Acelerado ideado por el Partido de los Trabajadores (PT) y constructoras allegadas, como Odebrecht o Andrade Gutiérrez, para modernizar la economía y combatir la pobreza. Pero eran una amenaza existencial para pueblos como los mundurukú o las 14 etnias que residen en las orillas del río Xingú. Asimismo, las enormes minas de hierro a cielo abierto de empresas gigantes como Vale, respaldada por los bancos públicos del modelo de economía dirigida del PT, ya han contaminado irreversiblemente el río Doce y pueden hacer lo mismo con el Amazonas.

Por si no bastaran las megaobras en la selva, el Gobierno del PT dio luz verde a la construcción de un estadio de fútbol en Manaos para el Mundial del 2014 con un aforo de 44.000 personas en una ciudad que no tiene un club de fútbol importante. Presupuesto: 300 millones de euros. Andrade Gutiérrez ha reconocido este año que pagó sobornos en la licitación de la obra.

No era lo que se esperaba en Amazonas de un partido fundado hace 36 años bajo los principios de igualdad y ascetismo marxista con la participación del mítico Chico Mendes.

Pero ante la ya inminente destitución de la presidenta de Brasil y su sustitución por Michel Temer, el líder del oportunista Partido del Movimiento Democrático de Brasil (PMDB), se empieza a recordar aquella advertencia: ten cuidado con lo que deseas porque se puede hacer realidad. Todo indica que el PMDB, conocido como el partido en alquiler en Brasil, será mas receptivo aún a los intereses en Amazonas de las empresas mineras, energéticas, constructoras y agroindustriales, aunque esta vez haya más extranjeras y menos brasileñas.
Jairo Saw, líder de los mundurukú, cuyo territorio de 178.000 hectáreas no ha sido reconocido oficialmente y será parcialmente inundado si se construye la gran presa del río Tapajós, resumió el dilema: “Ocupamos Belo Monte y luchamos aquí para que el Gobierno cumpliese la Constitución, porque el pueblo estaba sufriendo un desastre ecológico”, dijo en una entrevista. “Pero yo no me siento feliz con la salida de Dilma. Temer será peor porque apoya leyes como la de la minería”, añadió en referencia a un proyecto de ley presentado por un congresista del PMDB que debilitará el control estatal sobre las inversiones mineras.

Paradójicamente, la crisis del Gobierno del PT y el encarcelamiento de los directores de las grandes constructoras investigadas en el caso Lava Jato han paralizado muchas de las obras en Amazonas. Ahora, en cambio, hay motivos para pensar que un gobierno mucho más querido en Wall Street y en las sedes de las corporaciones multinacionales de EE.UU. y Europa puede abrir las puertas a nuevas inversiones.

Es más, el llamado grupo ruralista en el Congreso, que ha defendido la destitución de Rousseff, pretende restringir el derecho de los indígenas a proteger sus territorios frente a las actividades de extracción minera, ganadera y maderera, así como cultivos comerciales como la soja y el palmito. Según la revista Carta Capital, estos congresistas hasta han pedido a Temer que restablezca la normativa de la antigua junta militar que permite al ejército intervenir en los conflictos rurales. “Es un Congreso completamente antiindígena, dominado por el monocultivo y el agronegocio”, dijo João Pedro Gonçalves, presidente de la Fundación Nacional del Indio, el organismo federal que vela por los derechos indígenas, en la citada revista.

La paradoja para los indígenas de Amazonas es aún mayor porque Dilma finalmente empezaba a responder a sus reivindicaciones. Tras negarse a reconocer nuevos territorios indígenas entre el 2013 y el 2014, el Gobierno ha ratificado seis tierras indígenas en el último año, entre ellas las de la histórica tribu arara, que se veía amenazada por las obras de Belo Monte, aunque no las de los mundurukú.

Los científicos de los institutos medioambientales de Manaos sienten el mismo pavor ante el nuevo gobierno que los mundurukú. “Dilma ha hecho una política económica cruel aquí que ha acelerado la deforestación, pero lo que está ocurriendo es un golpe de Estado”, dice Maria Aparecida de Freitas, bióloga que investiga sobre la biodiversidad para el Instituto Nacional de Investigación sobre Amazonia. En Manaos, explica, las manifestaciones en contra de la destitución de Dilma han sido más grandes que las que la pedían.

Los nombres que se barajan para los ministerios no son reconfortantes. “Yo llevo un año esperando financiación para la siguiente fase de mi investigación sobre la biodiversidad y ahora veo que mi futuro aquí puede depender de un pastor evangélico”, señala en referencia al posible nombramiento de un pastor evangélico, Marcos Pereira, como ministro de Ciencia y Tecnología. La derecha evangélica, creacionista, ha sido un componente muy importante del movimiento a favor del impeachment.

Fuente: http://www.lavanguardia.com/

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