miércoles, 10 de junio de 2015

El planeta podría evitar los costos financieros y ambientales del agotamiento de recursos y ahorrar grandes sumas de dinero a través de un aumento de la eficiencia

El planeta podría evitar los costos financieros y ambientales del agotamiento de recursos y ahorrar grandes sumas de dinero a través de un aumento de la eficiencia - Un nuevo informe de la ONU nos muestra cómo
Ciudades y municipios pioneros en innovación y adaptabilidad 


Milán, 4 de junio de 2015 - Los costos financieros y ambientales por el agotamiento de los recursos están empezando a afectar al crecimiento económico en todo el mundo. Por ello, los  países necesitan encontrar estrategias para manejar unos recursos finitos satisfaciendo al tiempo las necesidades de una población mundial en crecimiento y cada vez más urbana. Si desde las políticas públicas se incorporan unos patrones de consumo y producción sostenibles en la planificación y la implementación nacional del desarrollo, será más fácil y más barato producir bienes y servicios de manera más eficiente, con menores riesgos para la humanidad y el medio ambiente.

Estudios recientes muestran que una mayor eficiencia puede contribuir a reducir la demanda energética entre un 50 y 80 por ciento en la mayoría de los sistemas de producción y en los servicios públicos. En algunos sectores como la construcción, la agricultura, la hotelería, la industria y el transporte, sería comercialmente viable alcanzar entre un 60 y 80 por ciento de mejora en la eficiencia energética y del agua.

Los medios para lograrlo se presentan por primera vez en una guía del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) titulada “Producción y consumo sostenibles: Un manual para hacedores  de políticas”, lanzada con motivo del Día Mundial del Medio Ambiente.

El manual contiene datos muy convincentes tanto relativos al impacto de unos patrones de consumo y de producción no sostenibles, como a los beneficios en términos de eficiencia que traería la incorporación de patrones sostenibles de producción y consumo.

Los 1.200 millones de personas que se estima siguen todavía viviendo en la pobreza extrema, dependen del capital natural, y su riqueza se deriva de actividades relacionadas con la naturaleza en mucha mayor medida que los ricos. La población de bajos ingresos extrae casi un tercio de su riqueza del capital natural, mientras que la de altos ingresos depende aproximadamente cuatro veces menos del capital natural.

Los servicios ambientales, como la captación de agua por los manglares y otros bienes no comerciables, pueden representar hasta un 47 por ciento en la India o un 90 por ciento en Brasil del llamado “PIB de los pobres”, destacando su vulnerabilidad a la contaminación y al cambio climático. Es, por lo tanto, esencial adoptar unos patrones de consumo y producción sostenibles para mejorar las vidas de las personas que viven en la pobreza. 
El subsecretario general de la ONU y director ejecutivo del PNUMA, Achim Steiner, declaró que “Los últimos 50 años han sido testigo de una rápida transformación de nuestra relación con el mundo natural el uso cada vez mayor de los recursos naturales está llevando a la degradación ambiental. Estamos funcionando aproximadamente con un 40 por ciento por encima del “presupuesto” de la Tierra. De mantenerse las tendencias de población y consumo en el modelo actual (business as usual), los niveles de extracción anual de recursos del año 2000 podrían triplicarse hasta los 140.000 millones de toneladas para el año 2050.”

“Debemos preguntarnos cuáles serán las consecuencias de este ritmo de consumo y de esta trayectoria de crecimiento de la población, que se calcula podría llegar a los 9.000 millones de personas en 2050.”

“El Día Mundial del Medio Ambiente supone una buena oportunidad para que los Gobiernos, las instituciones y las personas se conviertan en agentes de cambio. Sencillamente, no podemos darnos el lujo de desperdiciar nada, ya que los recursos están disminuyendo y los precios aumentando. Por suerte, todavía hay tiempo para transformar los retos derivados de la disminución de los recursos finitos en oportunidades que promuevan unas economías prósperas y un planeta saludable para las generaciones venideras”, añadió.

Según el informe, la mayor parte del crecimiento económico de las últimas dos décadas provino de la región de Asia-Pacífico, impulsado por la acelerada transición de una serie de economías en rápido desarrollo, sobre todo la china. Por otro lado, los últimos diez años han visto cómo los precios de muchos recursos naturales han aumentado sustancialmente y se han tornado cada vez más volátiles.

“Desvincular el crecimiento económico del consumo de recursos y de los impactos ambientales es una de las maneras de hacer frente a este desafío y un concepto clave en el consumo y la producción sostenibles”, señaló Steiner.

Para los países en desarrollo, esto significaría el uso de estrategias innovadoras para dar el salto hacia una estructura de economía verde, garantizando una mejor prestación de servicios y un acceso a los recursos que garantice la conservación de su base de recursos naturales. En los países desarrollados, las estrategias para mejorar la eficiencia del uso de los recursos pueden ser muy eficaces, pero debe tenerse en cuenta en qué medida estos países están externalizando la extracción de recursos hacia países en desarrollo. Ambos grupos requieren de políticas públicas bien diseñadas y ahí radica la importancia de este manual. 

Existen diferencias significativas entre las distintas regiones del mundo: el consumo doméstico material de África es muy bajo, tan sólo 3,7 toneladas de materiales, lo que refleja un nivel de vida muy bajo en términos materiales. Por su parte, desde el año 2000 Asia y el Pacífico han sido la región más dinámica tanto en lo económico como en términos de uso de los recursos, sin embargo, ha disminuido su eficiencia de recursos, por ende, el crecimiento de la población es ahora un factor menos importante que el uso de los recursos naturales en la región. El crecimiento de América Latina está vinculado al auge de Asia a través de la exportación de metales y combustibles fósiles para alimentar el desarrollo de infraestructura y manufactura en Asia.

En los países de Asia Central y Oriental, las economías se han recuperado, lo que resulta en un uso de recursos cada vez mayor, mientras que los países de la Unión Europea han sido pioneros en el desarrollo de políticas para el uso sostenible de los recursos, lo cual se refleja en unos niveles comparativamente inferiores de uso de recursos per cápita. Esto es posible, en parte, por la externalización de muchos de los procesos con alto nivel de emisiones y de consumo de recursos a otros países.

Las ciudades ya han demostrado que la protección del medio ambiente puede ser rentable de muy diversas maneras. La Unión Europea, por ejemplo, estima que la ciudad de Viena ahorró 44 millones de euros —y 100.000 de CO2— entre 2004 y 2007 a través de su programa ‘Ecobuy’. La ciudad de Windhoek en Namibia adaptó un sistema de tuberías dobles que permitió reducir entre un 5 y un 7 por ciento la demanda de agua potable. Sus sistemas de recarga artificial de acuíferos permiten a esta ciudad subsahariana sobrevivir durante dos años sin depender de ríos efímeros.

En Buenos Aires, gracias a su “Plan de movilidad sostenible”, ya se aprecia un retorno económico superior al ambiental como resultado de la mejora de los sistemas de transporte y la reducción del tiempo de los trayectos entre un 10 y un 25 por ciento (y hasta un 65 por ciento en algunos casos). El Consejo multisectorial para el desarrollo sostenible de las Islas de la Paragua (Filipinas) ha facilitado la implantación de una iniciativa pionera para tratar de promover el turismo con cero emisiones de carbono en las islas a través de un sistema de compensación para los nuevos complejos hoteleros.

Las autoridades chinas e indias, entre otras, están facilitando opciones a los que tratan de vivir de forma más sostenible mediante la introducción de sistemas de ecoetiquetado, un sistema con una trayectoria probada que se remonta a la década de 1970. En las universidades de Egipto, Kenia Tanzania, Mozambique y Mauricio, los estudiantes siguen un programa que combina formación en estilos de vida sostenibles con habilidades de desarrollo empresarial.

En Asia, un estudio realizado en tres ciudades chinas (Tianjin, Lanzhou y Qinhuangdo) reportado por el Centro de Producción y Consumo Sostenibles, reveló que la reducción directa en emisiones y consumo de recursos ha permitido ahorrar en tan sólo un año 20,36 MW de la electricidad, 32.269 kl de agua y 14.008 kl de petróleo, al tiempo que se reducían los residuos en 24,42 toneladas y las emisiones de CO2 en 105,75 toneladas.

La mayoría de los productos y servicios son proporcionados por el sector privado, por lo que las empresas desempeñan un papel fundamental para que la sociedad adopte patrones de consumo y producción sostenibles. Las empresas, al contrario que los clientes, conocen los ciclos de vida completos de sus productos desde la extracción de recursos por parte de sus proveedores hasta el impacto ambiental que se produce una vez que el producto se rompe o queda obsoleto, y suelen tener habilidad para traducir sus esfuerzos de sostenibilidad en ventajas competitivas. Los productores de detergentes de ropa, por ejemplo, descubrieron que el desarrollo de nuevos detergentes eficaces a temperaturas más bajas ahorraba dinero a los clientes, reducían el impacto ambiental de sus productos y les daba una ventaja comercial significativa.

También se observan ya ejemplos de colaboración, tanto pública como privada, de más de 160 países, como la Organización Internacional de Normalización (ISO, por sus siglas en inglés), una red de institutos de normas nacionales, y Diseño para la Sostenibilidad. El Gobierno de las Islas Vírgenes de los EE.UU. ha promovido una asociación público-privada entre el Ministerio de Energía y un consorcio formado por una banca especializada de inversiones y proveedores de servicios de tecnología, con el fin último de reducir la dependencia de los combustibles fósiles en un 60 por ciento en 15 años. Se espera que el programa se autofinancie, tras una inversión inicial, a través del ahorro en los costos de servicios públicos.

La guía del PNUMA contiene una nutrida recopilación de estudios de caso sobre iniciativas de consumo y producción sostenibles de todo el mundo, que recorre instrumentos de política, procesos de implementación, y metodologías e indicadores de seguimiento y evaluación. También contiene datos muy convincentes tanto relativos al impacto de unos patrones de consumo y de producción no sostenibles, como a los beneficios en términos de eficiencia que traería la incorporación de patrones sostenibles de producción y consumo.

La guía ayudará a los Gobiernos y otras organizaciones a utilizar las políticas y herramientas de consumo y producción sostenibles para alcanzar los objetivos nacionales de desarrollo a través de un aumento de la eficiencia de los recursos, la reducción de los costos de producción y la creación de empleo. Una mejor gestión de los patrones de consumo a través de políticas y estilos de vida inteligentes ayudará a crear un modelo alternativo de crecimiento económico en el que las necesidades de la mayoría queden satisfechas de una mejor manera gracias a la gestión inteligente de los preciados recursos.

Notas a los redactores
  • La guía es una contribución directa del PNUMA para la implementación del  Marco Decenal de Programas sobre Consumo y Producción Sostenibles (10YFP por sus siglas en ingles), adoptado en  la Cumbre de Río+20. Este Marco Decenal da mayor apoyo a los países –tanto desarrollados con en desarrollo- para que adoptar modelos de consumo y producción más sostenibles .
Para obtener más información, póngase en contacto con:
 Shereen Zorba, jefa de noticias y medios de comunicación, Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, Tel. +254 788 526000, shereen.zorba@unep.org

FUENTE: http://www.pnuma.org/informacion/comunicados/2015/20150605bis/index.php

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